Llegaron los días de locuras, casi de carreras, un ir y venir de un lado a otro viendo imágenes de Cristo y de la Virgen. Más emoción dentro del cuerpo, sentimientos a flor de piel y la cámara de fotos echando humo de tanto click.
Al final llega el Domingo de Resurrección y me doy cuenta que ha pasado la Semana Santa como un suspiro que se me escapa entre los labios. Diez días vividos intensamente, difrutando y sufriendo (aunque sarna con gusto no pica).
Se ha marchado ya, se echa de menos. Ahora me quedan las fotos para revivirlo hasta el próximo año. Os dejo una de las joyas de la corona fotográfica de este año.

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